
Fragmento protegido por la propiedad intelectual. (c) Alfonso Reyes.
En Argos todavía reinaba el rey Gelanor. Dánao y sus hijas imploran su hospitalidad, tema de "Las suplicantes" de Esquilo. Según los principios míticos no parece aceptable que Gelanor haya cedido sin más su cetro a Dánao, el recién llegado. Es más conforme a la imaginación de estas leyendas la versión de que Dánao disputó el mando a Gelanor en un torneo oratorio ante el pueblo, torneo que vino a decidirse por un prodigio o aviso divino: un lobo, al amanecer del día siguiente, se precipitó sobre una manada y mató a un toro. Los argivos advirtieron al instante que el lobo y Dánao tenían un notable parecido. Cedieron el mando al forastero y este consagró un altar a Apolo Licio. (Apolo el lobo). Allí reinó Dánao, allí levantó la ciudadela de Argos y allí fue sepultado.
Pero sucede que los cincuenta sobrinos se le presentaron un dia pidiéndole que olvidara sus disidencias y les cediera a sus hijas en matrimonio. Sí, Dánao era un lobo astuto y sanguinario. Consintió en apariencia pero no creyó en la sinceridad de las paces que se le ofrecían.
Los matrimonios entre los primos se concertaron de esta suerte: La mayor, Hipermnestra, se casaría con Linceo y la segunda, Gorgóphone, con Proteus; pues a ambos les correspondía este privilegio por ser ambos de sangre real (línea materna). En adelante las parejas se ajustaron echando suertes o hasta por las semejanzas de los hombres: Bursilis, Euclado, Lico y Defronte ganaron a las cuatro hijas de Europa: Automatea, Amimone, Agave y Cea; a Istros, tocó Hipodamia; a Calcodonte, Rodia; al llamado Agenor, Cleopatra; a Queto, Asteria; a Diocórcites, Filodamia; a Alces, Glauce; a Almenor, Hipogledusa; a Hipótoo, Gorge; a Euquenor, Ifimedusa; a Hipólito, Roda; a Agaptólemo, Pirenne; a Cerceto, Dorión; a Euridamas, Fartis; a Egio, Mnestra; a Argio, Evipe; a Arquelao, Anaxivia; a Menémaco, Nelo; a Clito, Clitea; a Esténelo, Esténela; a Crisipo, Crisipe; a Euriloque, a Fantes, a Peristenes, a Hermos, a Drías, a Potamón, a Ciseo , a Lixo, a Imbro, a Bromio, a Políctor, a Ctonio, tocaron por turno Autone, Téano, Electra, Cleopatra (segunda), Eurídice, Glaucipe, Anteria, Cleodora, Evipe (segunda), Erato, Estigne, Bricea. Périfas se casó con Astea; Eneo con Podarse; Egipto con Diopsip; Menaces con Adilte; Lampo con Ocípete; Idmón con Pilargea; Idas con Hipodicea. Defronte (segundo) con Adiante; Pendión con Calídice; Arbelio con Emea Hiperbio con Céleno; Hipocóristes con Hipéripe.
Hubo un gran festín. Pero secretamente Dánao dio una daga a cada una de sus hijas y a todas las hizo jurar que matarían al marido la misma noche de las bodas. Ellas obedecieron salvo Hipermnestra que prefirió vivir en paz con Linceo para agradecer el trato respetuoso que de él había recibido. Dánao, enfurecido, la encarceló pero acabó por reconciliarse con la pareja. Linceo, entretanto, se refugió en una colina próxima. Cuando Hipermnestra hubo logrado el perdón, le hizo señas con una tea encendida para que volviera a la ciudad. Como Afrodita intervino en la reconciliación, Hipermnestra le dedicó una estatua. Y en recuerdo de la tea de Hipermnestra, los argivos instituyeron más tarde una fiesta de antorchas en la loma de Lircea (por Lircos, hijo de Linceo o bien su nieto bastardo).
En tanto las Danaides habían decapitado a los varones; ofrecieron a los cuerpos las honras fúnebres en Argos y enterraron las cabezas en Lerne. Hermes y Atenea las purifican de su crimen por orden de Zeus, lo que les permitirá por ahora vivir tranquilas en la tierra. La frase hecha nos recuerda que les esperaba otra suerte en los infiernos.
Pero por lo pronto Dánao quiere casarlas y acude al conocido recurso de ofrecerlas a los vencedores de unos conocidos juegos atléticos, muchachos oscuros de la misma comarca a quienes, para vencer sus escrúpulos, dispensa los presentes de bodas. Y de aquí la población de los Dánaos que ahora sustituye a los pelasgos. Según Píndaro, el concurso consistió en una competencia de carreras. Al término de la pista, cada moza esperaba al que llegara primero. En alguna parte hemos leído que también los ratones alcanzan a su hembra a todo correr y gana, por supuesto, el mejor dotado para mayor gloria de Darwin.
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